Retiremos a nuestro embajador de Nicaragua

Hizo bien la Conferencia Episcopal de Nicaragua en retirarse de la mesa de diálogo cuando el dictador Ortega anunció que no aceptaría adelantar las elecciones generales, como reclama la ciudadanía, organismos internacionales y numerosos gobiernos.

En mayo del año pasado también fracasó la mediación de la Iglesia Católica por la represión gubernamental, que mató a 325 personas y encarceló a 700 más. En esa oportunidad, la alta jerarquía de la iglesia expresó que resultaba “inaceptable que al pueblo se le siga negando el derecho de manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”. La respuesta sandinista se produjo dos meses más tarde, cuando 200 encapuchados asaltaron la basílica de San Sebastián en la ciudad de Diriamba, para detener a ciudadanos refugiados en el templo, entre ellos paramédicos y periodistas. Por protegerlos, el nuncio Stanislaw Waldemar, el cardenal Leopoldo Brenes, obispos y sacerdotes fueron golpeados, apedreados y vejados por turbas de paramilitares y policías orteguistas. Más aún, en diciembre, dos delegaciones de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA fueron expulsadas del país por calificar de dictadura al régimen y alertar de los crímenes de lesa humanidad que estaban cometiendo,

A pesar de estos antecedentes, la iglesia volvió a apostar por el diálogo hasta que comprendió que ese mecanismo era utilizado para dilatar la permanencia de Ortega en el poder, que es la misma estrategia aplicada por Maduro en su país.

Por tanto, es hora de que el Grupo de Lima y las naciones europeas no pierdan más tiempo y apliquen al régimen de Ortega similares sanciones que las adoptadas en Venezuela porque, de no hacerlo, la crisis se agravará. Y, en el caso del Perú, la Cancillería no puede pasar por alto el insolente comunicado suscrito, entre otras personas, por la embajadora de Nicaragua en Lima, donde emplaza “al presidente Vizcarra y al canciller Popolizio que abandonen su sometimiento al enloquecido grupo que se ha apoderado de la Casa Blanca…”. Sería oportuno, en consecuencia, retirar a nuestro embajador en Managua y solicitar lo mismo de la representante nicaragüense. Así avanzamos en las definiciones y marcamos la ruta de una diplomacia comprometida con los valores democráticos.

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Author: Dalma Calderon