Posverdades

Lo sostenido anteriormente sobre las críticas en cuanto a nuestro lánguido Código Electoral junto a sus decretos complementarios, que deslucen todo acerca de la protección del voto, pero lo que hay que reconocer es de la restricción a dos meses de campaña, cuya limitación es un alivio para todos. Quedan algunos días para que desaparezcan las posverdades que los intrusos cuelan por los medios de comunicación social, para danzar triunfantes entre los programas preferidos por el televidente, con lo que inoculan sus necios estribillos sobre mil promesas, al calor de las mandas que van a incumplir apenas ganen el certamen. Parece mentira que se le dé tanta importancia a la convocación de candidatos para que muestren diagramas que ofertan en trillados pregones con el ánimo de atraer adeptos, ahora entre dos bandos entre independientes dependientes y los partidos políticos y quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra.

Los planes y programas con que nos azotan sobre temas que ya están claramente proyectados en nuestra Constitución Nacional, la que ordena lo que se tiene que hacer en cada periodo de Gobierno, un asunto alejado con el vocingleo de los candidatos sobre lo que harán al alcanzar el triunfo, si lo que se debe promover no es lo que deben hacer, sino cómo se tiene que hacer. Es ridículo que se desgañiten con ese quita y pon de asuntos, sea la partida discrecional, la beca universal y otras arandelas en ese yoyo de incoherencias, frente a la realidad de un presupuesto que al final de cuentas está mal distribuido, sin que a la fecha a nadie se le ocurre que la primera guerra debe ser contra la corrupción de la que todos estamos infectados, sea el afectado un promotor, paciente o víctima. Hay tantos incoherentes ladridos, que los votantes entre los antojos del engaño no alcanzan a comprender esos cambios.

Esto sobre la valoración del candidato es sencillo con un perfil del candidato con una trayectoria en la que han hecho lo que dicen. Somos la clara respuesta de la nombradía que cosechamos con nuestro comportamiento. Recuerden que estamos muy lejos de vivir de las apariencias y aunque algunos gozan de ese don de agradar al resto con la capacidad de atraer y cautivar a los demás con despertar la admiración del prójimo. En el componente de la personalidad, el carisma es innato, que por cierto, se asocia al éxito y de allí existen quienes ayudan al reforzar su autoestima, agregada la capacidad de buen orador junto a su apariencia con muestra de completa seguridad, más allá de sus méritos intelectuales o profesionales, al atraer y convocar sus pares.

El mundo tiene en su historia a caudillos que han resultado fenómenos políticos, sociales y que siempre han existido para lograr que las multitudes se concilien y reconozcan ese liderazgo sostenido por las fracciones populares que forjan una coraza de esperanzas, con el apoyo irrestricto que por igual pueden desencadenar cruentas dictaduras, debido a la concentración del poder político, frente a la acendrada falta de consenso político o de aquellas conductas utópicas de los que alcanzan y abusan del poder. Tenemos nuestro propio ejemplo con la permisión de una dictadura cariñosa, que dicen provocó esa desmesurada manera de gobernar, aunque nos queda alguna reserva, basada en intereses exteriores, pero, pasada esa larga noche de oscurantismo, quedó en rejuego la alterabilidad del poder que nos ha resultado monótona he insulsa, que ahora se empaña con la insustancial oferta electoral.

Como somos unos adictos, nos tropezarnos con las mismas piedras, y si agregamos ese colosal antifaz con que los promotores maquillan la sarta de proposiciones deambulas que nos atosigan, aparte del hipnótico engaño, nos ceban con ese clientelismo político que no es otra cosa que intercambiar favores que llega a extremos indignantes, como la comprar de conciencias, sea por materiales de construcción o la simple compra del voto. ¡Qué desvergüenza eso de sentir que el sagrado voto está tan desprotegido!, mientras nos ocupamos en subir o bajar las vallas con los anuncios de las mentiras, pero debemos mantener la fe por el cambio por los que alguna vez llegue con sus conciencias desinfectadas y nos lleven por la senda de la rectificación política. Hay tanta historia sobre lo que debe ser, que nada más hay que reordenar nuestra legislación electoral y aplicar la ley. Por las redes enseñan bonos impresos y conversación sobre compra de votos, mientras las autoridades miran para el 5 de mayo. ¡Qué lástima!

ABOGADO

Ir a la fuente
Author: