La Oración personal en la Semana Mayor

En esta Semana Mayor, será bueno reflexionar sobre ¿cómo podemos mantenernos cerca de nuestro Señor Jesús, en un mundo tan secularizado y apartado de Dios?

Esta pregunta no es nueva para la fe, es tan milenaria como la historia del pecado original relatada en los primeros capítulos del Génesis 3. Lo importante tal vez, es cómo mantenernos en la fe con fuerza, positivismo y alegría. He ahí, la verdadera pregunta: ¿cómo mantenernos fiel a nuestro llamado?

La Iglesia cristiana y universal nos enseña que, entre más nos descuidamos en nuestros votos hechos a Dios en el día que fuimos bautizados, estamos cerca de caer en situación de pecado. Es decir, al no cumplir con amor y libertad el pacto bautismal, nos colocamos automáticamente en una posición de vulnerabilidad, de fragilidad y nuestra salvación personal se encontrará en peligro.

El compromiso bautismal es la clave para mantenernos en Jesús; recordemos sus palabras cuando nos dice ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada’. (Juan 15:1-5).

Permanecer en Jesús será, la clave de las respuestas a nuestras oraciones personales dirigidas a Dios Padre: ‘Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará’. (Juan 15:7).

Así podemos señalar que existen varias herramientas para lograr estar unidos a Jesús, señalemos cuatro herramientas. Estas herramientas yo las identifico como los cuatro puntos cardinales del mantenerse en Jesús: la Oración, el cumplimiento del Pacto Bautismal, la Vida Sacramental y la Conversión diaria.

No cabe duda, para ningún cristiano, que la oración es la llave por excelencia de comunicación del hombre con Dios; es a través de esta acción sencilla del hombre, que el mismo permite un canal directo para unir ambas naturalezas en una sola y misteriosa realidad. Cuando un hombre en lo profundo de su ser se dispone a orar con sinceridad y verdadera humildad, las puertas del cielo se abren de par en par para ser escuchado por lo sagrado.

Orar es comunicarse, pero también es saber ser recipiente de lo que la otra voluntad desea decirnos. En nuestro caso específico, oramos a Dios para gozar de su presencia en constante adoración espiritual. Nuestra mente y espíritu se abren a la acción directa de Dios sobre nosotros; queremos ser de Dios, queremos que Dios nos posea; queremos ser todo suyo. Pero también queremos que Dios nos guíe, nos ilumine, derrame su espíritu sobre nosotros para que lo imposible sea una verdad en nuestras vidas: la santidad.

La oración reflejada en la vida de los hombres y mujeres de la Biblia, por ejemplo, se puede describir de muchas maneras, desde la adoración hasta la misma agonía son descriptibles en ella, pero una cosa si es cierta, la oración de los hombres y mujeres de la Biblia tiene un común denominador: ven a Dios, en esa comunicación, con suma confianza y como un amigo respetable, donde su palabra no se cuestiona ni se pone en tela de juicio; para ellos Dios no es solamente lo santo, sino que es el único Dios verdadero a donde se puede acudir en todo momento de súplica. Súmase a esto el regocijo de saberse salvados y la esperanza de una redención total y final.

Cítese cualquier hombre o mujer en la Biblia y los mismos contendrán estos elementos fundamentales: la fe, la confianza, el compromiso, la bendición, la esperanza y la salvación. La oración será siempre la clave en nuestra fe, ella finalmente nos fortalecerá enormemente: ‘No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo’ (Efesios 6.18ss.).

La oración diaria debe ser para el cristiano un arma poderosísima y de gran eficacia. Cuando una persona decide ser militar, la institución provee lo necesario para que esa persona pueda realizar con eficiencia su misión. Para ello, debe prepararse debidamente, deberá fomentar su conocimiento en el arte de la guerra, consolidar sus estudios, realizar prácticas de campo y sobre todo estar alerta para el momento en que se requiera de su vocación.

Así como el soldado está presto a su llamado. El cristiano de igual manera debe prepararse no solo cuidando su cuerpo, sino su espíritu, su mente, que es a fin de cuenta lo más importante. San Pablo nos exhorta a que nuestra fe sea madura (cf. Filp. 3:15ª), y esta es concebida en la actitud firme de ‘lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante’. (v.13b).

La mejor actitud es la que él mismo señala diciendo: ‘Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a Él y encontrarme unido a Él; no con una justicia propia, adquirida por medio de la ley, sino con la justicia que se adquiere por la fe en Cristo, la que da Dios con base en la fe’. (Flp. 3:8b-9). Ello solo es posible a través de la oración continua y la entrega diaria a Dios.

He ahí que san Pablo mismo nos previene y nos da la solución inmediata para ser verdaderos soldados de Cristo: ‘No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo’. (Efesios 6:18). Señalemos de manera más desmenuzada las palabras mismas de san Pablo en esta epístola:

Firmes como soldados, revestidos de la verdad, protegidos por la rectitud, listos para anunciar el Evangelio; la fe es nuestro escudo, la salvación es nuestro casco y la palabra es nuestra espada.

Que en esta Semana Santa podamos, como nación, sumirnos en la contemplación de la vida, pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, a través de la oración profunda y contemplativa.

SACERDOTE

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