Hongo mortal se propaga por el mundo – El Nuevo Diario

En mayo del 2018, un hombre de edad avanzada fue internado en el Hospital Monte Sinaí de Brooklyn para una intervención quirúrgica en el abdomen. Una prueba de sangre reveló que estaba infectado con un germen recién descubierto, tan mortal como misterioso.

El germen, un hongo llamado Candida auris, ataca a personas con sistemas inmunitarios debilitados y se está propagando por todo el mundo. En los últimos cinco años ha atacado una unidad neonatal en Venezuela, se diseminó por un hospital en España, forzó a un centro médico prestigioso en el Reino Unido a cerrar su unidad de cuidados intensivos y se ha arraigado en India, Pakistán y Sudáfrica.

Recientemente, C. auris llegó a Nueva York, Nueva Jersey e Illinois, llevando a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a añadirlo a una lista de gérmenes clasificados como “amenazas inmediatas”.

El anciano en Monte Sinaí murió tras 90 días de hospitalización, pero C. auris subsistió. Las pruebas lo detectaron en todos los rincones de su habitación, en una forma tan invasiva que el hospital requirió de un equipo especial de limpieza y tuvo que quitar parte de las losetas del piso y el techo para erradicarlo.

C. auris es inmune a los principales fármacos antimicóticos; es un nuevo ejemplo de una de las amenazas a la salud más irresolubles del mundo: la aparición de infecciones resistentes a los medicamentos.

Durante décadas, los especialistas en salud pública han advertido que el uso indiscriminado de antibióticos está disminuyendo la eficacia de medicamentos que han aumentado la expectativa de vida al curar infecciones bacterianas otrora comúnmente mortales. Pero últimamente también ha habido un aumento vertiginoso de hongos resistentes.

“Es un problema enorme”, señaló Matthew Fisher, profesor de Epidemiología de las Enfermedades Micóticas en el Imperial College London y autor de un estudio reciente sobre el incremento en hongos resistentes. “Dependemos de poder tratar a esos pacientes con antimicóticos”.

En términos sencillos, los hongos, al igual que las bacterias, están desarrollando defensas para sobrevivir a los medicamentos modernos.

Estas llamadas superbacterias o supergérmenes resultan más letales en personas con sistemas inmunológicos inmaduros o comprometidos, como los de los recién nacidos, ancianos, fumadores, diabéticos y personas con ciertas enfermedades autoinmunes que toman esteroides que suprimen las defensas del cuerpo.

Los científicos dicen que a menos que se desarrollen nuevos fármacos efectivos y se ataje el uso de medicamentos antimicrobianos cuando son innecesarios, el riesgo se extenderá a poblaciones más saludables.

Un estudio financiado por el Gobierno británico calcula que si no se establecen políticas para frenar el aumento de la resistencia a los medicamentos, en 2050 podrían morir 10 millones de personas a nivel mundial por esas infecciones, eclipsando los 8 millones que se calcula morirán de cáncer ese año.

Las muertes por infecciones resistentes a los medicamentos se estiman en 700 mil al año.

Los antibióticos y antimicóticos son esenciales para combatir las infecciones en las personas, pero los antibióticos también se emplean para prevenir enfermedades en los animales de granja, mientras que los antimicóticos se aplican además para evitar que se pudran los cultivos agrícolas.

Algunos científicos indican que el uso cada vez mayor de herbicidas y fungicidas en los cultivos está contribuyendo a la aparición de hongos resistentes a los medicamentos entre seres humanos que consumen esos cultivos.

A pesar de que el problema está aumentando, hay poco conocimiento por parte de la población, en parte debido a que la existencia de infecciones resistentes con frecuencia se mantiene en secreto.

Los hospitales y los Gobiernos locales son renuentes a publicar la aparición de los brotes, por temor a que los consideren focos de infección.

Mientras tanto, los gérmenes se propagan fácilmente —portados en manos y equipo médico en los hospitales; transportados en la carne y vegetales fertilizados por estiércol de las granjas; cruzados por fronteras vía viajeros y en exportaciones e importaciones.

C. auris, que infectó al hombre hospitalizado en el Hospital Monte Sinaí, es uno de decenas de bacterias y hongos peligrosos que han desarrollado resistencia.

Los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), que está encabezando un esfuerzo detectivesco a nivel mundo para encontrar tratamientos y detener su propagación, indican que casi la mitad de los pacientes que contraen C. auris fallecen en el curso de 90 días. No obstante, los especialistas del mundo no han determinado dónde se originó.
 

Público sin enterarse

A fines del 2015, Johanna Rhodes, especialista en enfermedades infecciosas del Imperial College London, recibió una llamada de emergencia del Royal Público sin enterarse Brompton Hospital, en las afueras de Londres. El C. auris llevaba meses instalado ahí y el hospital no podía deshacerse de él.

Bajo su dirección, los empleados del hospital usaron un aparato especial para rociar peróxido de hidrógeno en aerosol en la habitación que fue usada por un paciente con C. auris, con la teoría de que el vapor limpiaría hasta el más mínimo recoveco. Se dejó el aparato prendido una semana. Luego pusieron una placa con gel para que atrajera a cualquier microbio aún existente y que ese creciera ahí, dijo Rhodes.

Sólo un organismo volvió a crecer: C. auris.

Se estaba propagando, pero no se dijo nada fuera del hospital. El Royal Brompton, centro especializado en padecimientos del pulmón y del corazón que atrae a pacientes adinerados de Medio Oriente y de toda Europa, alertó al Gobierno británico e informó a los pacientes infectados, pero no hizo ningún anuncio público.

Este pánico silencioso se está volviendo la norma en los hospitales de todo el mundo. Las instituciones y los Gobiernos nacionales, estatales y locales se han mostrado renuentes a divulgar la presencia de brotes de infecciones resistentes, argumentando que no tiene caso asustar a los pacientes actuales —ni a los futuros.

Silke Schelenz, infectóloga en el Royal Brompton, encontró “muy muy frustrante” la falta de urgencia por parte del Gobierno y del hospital en las primeras etapas del brote.
“Evidentemente, no querían perder su reputación”, señaló Schelenz. “No había afectado nuestros desenlaces quirúrgicos”.

Para fines de junio del 2016, una monografía científica informó acerca de “un brote en curso de 50 casos de C. auris” en el Royal Brompton y el hospital tomó una medida extraordinaria: cerró su sala de terapia intensiva durante 11 días, nuevamente sin hacer ningún anuncio.

Unos días después, el hospital finalmente reconoció ante un periódico el problema. El encabezado de The Daily Telegraph advertía: “Cierran sala de terapia intensiva tras aparición de nuevo y mortal supergermen en el Reino Unido”. (Investigación posterior arrojó que con el tiempo hubo 72 casos, aunque algunos pacientes sólo fueron portadores y no fueron infectados por el hongo.)

Ya había comenzado un brote aún más grande en Valencia, España, en el Hospital Universitario y Politécnico de La Fe. El hospital español no emitió ningún anuncio público. Allí, 85 pacientes desarrollaron infecciones en el torrente sanguíneo. Una monografía en la revista Mycoses reportó que el 41 por ciento de los pacientes infectados murieron en el curso de 30 días.

Una declaración del hospital dijo que no necesariamente habían muerto de C. auris. “Son pacientes con muchas enfermedades subyacentes y en condiciones generales muy serias”, decía la declaración.

El hermetismo indigna a defensores de los derechos de pacientes, quienes afirman que la gente tiene derecho a saber si existe algún brote para decidir si va al hospital o no, particularmente cuando se trata de un asunto que no es de urgencia, como una intervención electiva.

Los funcionarios de salud señalan que dar a conocer los brotes asusta a los pacientes respecto a una situación acerca respecto a la cual no pueden hacer nada, particularmente cuando no están claros los riesgos.

¿El papel de los pesticidas?

Al tiempo que el CDC trabaja para limitar la propagación del C. auris resistente a los medicamentos, sus investigadores han estado intentando responder a la pregunta: ¿en qué parte del mundo surgió?

La primera vez que los médicos se toparon con C. auris fue en el oído de una mujer (auris quiere decir oído en latín) en el 2009 en Japón. En ese entonces parecía un primo inofensivo de las infecciones micóticas comunes y fácilmente tratables.

Tres años después, apareció en Nijmegen, en los Países Bajos, en un resultado poco común de una prueba en el laboratorio del microbiólogo Jacques Meis, quien estaba analizando una infección en el torrente sanguíneo de 18 pacientes procedentes de cuatro hospitales de India. Pronto empezaron a surgir cada mes nuevos cúmulos de C. auris en diferentes partes del mundo.

Los investigadores teorizaron que C. auris empezó en Asia y se propagó por el mundo. Pero cuando la dependencia comparó el genoma entero de muestras de C. auris de India, Pakistán, Venezuela, Sudáfrica y Japón, descubrieron que su origen no era un sólo lugar y no había solo una cepa de auris.

La secuencia del genoma mostró que había cuatro versiones distintas del hongo, con diferencias tan grandes que indicaban que estas cepas se habían separado hacía miles de años y que habían surgido como patógenos resistentes de cepas inofensivas del medio ambiente en cuatro lugares diferentes al mismo tiempo.

“De alguna manera, dio un salto casi de manera simultánea y al parecer se propagó y es resistente a los fármacos, lo que en verdad es increíble”, comentó Snigdha Vallabhaneni, miembro clave del equipo micótico.

Meis, el investigador neerlandés, señaló que él pensaba que los hongos resistentes a los medicamentos se estaban desarrollando debido al uso excesivo de fungicidas en los cultivos.

Tom Chiller, quien encabeza el ramo micótico en los Centros para el Control de las Enfermedades, alberga la teoría de que C. auris ha existido durante miles de años, oculto en los rincones y recovecos del mundo, pero que no era particularmente agresivo. Sin embargo, a medida que los fungicidas empezaron a destruir hongos más prevalentes, se dio la oportunidad para que C. auris ocupara su lugar.

Sigue sin resolverse el misterio del origen del Candida auris y parece que, por el momento, su procedencia es menos importante que detener su propagación.

Ir a la fuente
Author: