El poder terapéutico de centrarse en las soluciones y no en los problemas

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Mark Beyebach, Universidad Pública de Navarra

Está comprobado científicamente: muchas terapias psicológicas son eficaces para la intervención con personas con problemas de salud mental. Producen resultados equiparables al tratamiento con psicofármacos y sus efectos tienden a ser más duraderos.

La mayoría de estas psicoterapias son tratamientos en los que se abordan los problemas mediante la conversación. Sin embargo, existen formas diferentes de entender y abordar estas conversaciones terapéuticas, como veremos en este artículo.

Enfoque en el bienestar y el crecimiento personal

La mayoría de las psicoterapias asumen el modelo médico tradicional: los profesionales actúan como expertos que diagnostican trastornos mentales e intervienen sobre ellos. Por ello, las conversaciones psicoterapéuticas se centran en los problemas de quienes los sufren, con la idea de que los profesionales los resuelvan. Aunque el objetivo es que los consultantes superen sus problemas, la mayor parte de las sesiones se dedica a conversar sobre ellos.

Pero hay también planteamientos alternativos a esta visión. La más conocida es la psicología positiva, bautizada como tal en el año 2000 por el entonces presidente de la Asociación Americana de Psicología, Martin Seligman. Este concepto retomó algunas de las propuestas humanistas de los años cincuenta y planteó que la psicología debía dar un giro. En vez de seguir centrándose en el sufrimiento debía enfocarse en el estudio científico del bienestar, del crecimiento personal y de la resiliencia ante la adversidad.

Desde el punto de vista académico, la psicología positiva no está exenta de detractores, pero ha ido generando una abundante investigación científica. Entre sus aplicaciones prácticas están los programas de psicología positiva para las escuelas o las apps de felicidad. En el campo de la psicoterapia, aporta sobre todo una serie de ejercicios para quienes acuden a las consultas, centrados en la promoción de sus emociones positivas y de sus logros.

TBCS: una estrategia para afinar más en las conversaciones terapéuticas

Un abordaje menos conocido pero que se sitúa en una línea similar es la Terapia Breve Centrada en las Soluciones (TBCS), desarrollada a mediados de los años ochenta por Steve de Shazer e Inso Kim Berg . Estos terapeutas familiares descubrieron que podían acortar la duración de las intervenciones si desde la primera sesión ya accedían a los recursos de sus usuarios. Para ello preguntaban por las excepciones a los problemas y por las mejorías producidas antes de la petición de consulta.

A estas conversaciones sobre los momentos en que las cosas funcionaban bien se añadió unos años después la técnica de la pregunta milagro. Con ella se invita a a describir en detalle cómo nos gustaría que fueran las cosas en aquello que nos preocupa. Esta descripción del futuro preferido genera esperanza y permite que las personas vayan descubriendo posibilidades de cambio.

En este sentido, la TCBS aborda la cara oculta de la luna: en vez de analizar lo que no funciona y sus causas, pone el foco sobre lo que sí está funcionando y en construir nuevas posibilidades.

Terapia a dos

La TBCS es un enfoque colaborativo, en el que los protagonistas del cambio son los propios consultantes. Los terapeutas no evalúan qué está mal ni determinan qué deberían hacer sus interlocutores, sino que establecen los objetivos de forma conjunta. La tarea de los profesionales es colaborar con ellos y adaptarse a sus preferencias, sin perder el foco sobre sus fortalezas mediante el empleo estratégico de preguntas.

Un reciente estudio de nuestro equipo muestra que la Terapia Breve Centrada en las Soluciones se ha extendido a más de treinta países de cinco continentes. Además, se aplica mucho más allá del campo de la terapia familiar en el que surgió. Hoy en día no sólo hay psicoterapia centrada en soluciones o trabajo social centrado en soluciones, sino también intervención comunitaria, consultoría organizacional o intervención escolar basada en esta estrategia.

En el campo de la psicoterapia, el planteamiento centrado en soluciones aporta un modelo propio de intervención que ha generado evidencia científica a nivel global, con ensayos clínicos que muestran la eficacia del modelo como tal, pero también la de algunas de sus técnicas en concreto. Estas técnicas se pueden utilizar también integradas en otros modelos de psicoterapia más conocidos, como la terapia cognitivo-conductual.

Mejor “Quédate sentado” que “No te levantes”

La mayoría de las herramientas de la TBCS tienen aplicación en la vida cotidiana. Hablar desde los recursos actuales y las posibilidades futuras genera conversaciones más constructivas que estar dando vueltas a los problemas. A continuación ofrecemos algunas pautas lingüísticas que pueden ser útiles para abordar dificultades personales, problemas de relación o conflictos:

  • En vez de plantearse resolver su problema o dificultad, piense cuáles son sus objetivos, qué desea conseguir. Plantéese esas metas en positivo en vez de hacerlo en negativo. Mejor “mantener mi peso” que “no aumentar mi peso”; mejor “discutir de forma tranquila” que “discutir sin gritarnos”; mejor “sonreír por la mañana” que “no llorar por las mañanas”.
  • Si da alguna instrucción o negocia alguna norma, hágalo también en positivo. “Quédate sentado ” mejor que “No te levantes”; “hablemos bajito” mejor que “no hablemos tan alto”.
  • Utilice en las conversaciones preguntas abiertas (“¿Qué mejorías ha notado?”, “¿Qué es lo que más le ha gustado?”) en vez de cuestiones cerradas (“¿Ha notado mejorías?” “¿Le ha gustado?”). Las preguntas cerradas, que se contestan con un “sí” o con un “no”, tienden a matar la conversación.
  • Ante un atasco personal, profesional o familiar, dé menos vueltas a “¿Por qué me pasa eso?”. Trate, en cambio, de dar una respuesta detallada a la pregunta “¿Cómo me gustaría que fueran las cosas?” y “¿Qué puedo poner de mi parte para acercarme a eso que quiero?”.
  • Si habla de algo negativo, utilice el todavía (“Veo que todavía no has resuelto el problema”) en vez de descripciones estáticas (“Veo que no has resuelto el problema”).

Le animo a que pruebe estas sencillas propuestas… y a que se fije en qué efecto tiene sobre usted y sobre los demás dialogar “sobre el otro lado de la luna”.The Conversation

Mark Beyebach, Profesor en el Departamento de Ciencias de la Salud., Universidad Pública de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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