El 9 de Enero o el cielo por asalto

Tres ideas—fuerza de naturaleza político-ideológica le han proporcionado contenidos a los procesos y luchas sociales en Panamá: la cuestión social, la cuestión democrática y la cuestión nacional. Cada una se articuló en la realidad de manera compleja y en tiempos históricos distintos. Sin embargo, es la existencia del estado mediatizado, el cuasi protectorado, la cuestión nacional no resuelta, la que tendencialmente coordinó ideológica y políticamente las luchas sociales a lo largo del siglo XX. Es a través del problema nacional no resuelto mediante el cual se expresó en lo fundamental lo social y lo democrático en nuestra sociedad.

INESTABILIDAD Y TRANSITISMO

En la perspectiva histórica, el colonialismo para el siglo XIX constituía un fenómeno ordenador de la geopolítica y de la explotación económica global. En este contexto se instituye la forma mediante la cual el país de tránsito y en ella su canal se inserta en el mercado mundial. Esto definió en su base material el problema nacional. No obstante, ya entrado la segunda mitad del siglo XX, el colonialismo ya era un anacronismo económico, político y cultural.

Como consecuencia de la implantación del complejo militar y enclave colonial ‘zona del canal’, el ‘transitismo’ como expresión temprana de una modernidad radicalizada en el territorio, configuró e impulsó desde el poder distintas políticas y proyectos de naturaleza antinacional. Estas políticas y proyectos por medio de negociaciones de convenios y tratados se orientaron en procura de una acción política estatal que restableciera parcialmente la continuidad del entramado territorial y reparara la fractura político-económica que profundizaba estructuralmente el desencuentro entre nación y acumulación. Dichos procesos de naturaleza oligárquica fracasaron, por estar orientados por la complicidad y la subordinación de que las cosas cambiaran para que permanecieran igual.

En estas condiciones de sometimiento, el estado-nación mediatizado se va a forjar en la fragua colonial, mediante un complejo proceso marcado por la dialéctica de dos tensiones. Por un lado, una práctica política de fraudes electorales, persecución y represión policial y por el otro, una institucionalidad devaluada por las sucesivas intervenciones militares de los Estados Unidos al Istmo de Panamá: 1906, 1908, 1912, 1915, 1916, 1918, 1925, 1928 y 1989. Amén de dos golpes de estado: 2 de enero 1931 y 11 octubre 1968.

LOS ANTECEDENTES

En un proceso de acumulación histórica, las tramas no resueltas de conflictos definieron el carácter de la acción de los distintos actores y sectores sociales que vincularon tempranamente sus luchas, con el combate por la total soberanía estatal nacional. A lo largo de nuestra historia, las distintas formas de dominación – tanto institucionales como culturales— que se organizaron en torno a la construcción estatal y desde los bloques de poder, estuvieron incididas tanto por la presencia colonial norteamericana, como por los asedios políticos e intelectuales que desde la sociedad civil realizaron los diversos movimientos sociales.

A finales de la década de los cincuenta, los conflictos y las movilizaciones en la sociedad panameña escalan en intensidad, se multiplican, se hacen extensivas social y políticamente y penetran, sobre todo, la matriz básica de la organización socioeconómica de la sociedad panameña:

El rechazo al Convenio de Bases Militares de 1947, mayo de 1958 y la huelga estudiantil con su corolario de mártires; la crisis del poder municipal y la lucha por su autonomía (1959), la gran ‘marcha del hambre y la desesperación’ realizada por miles trabajadores y de desempleados desde Colón hasta la ciudad de Panamá en 1959, la Operación Soberanía que ‘siembra banderas’ en lugares emblemáticos de la ‘zona del canal'(1959), el levantamiento armado de Tute del 3 de abril 1959, la gran huelga bananera de Bocas del Toro y Chiriquí de 1960 y el posterior asesinato del dirigente Rodolfo Aguilar Delgado, la lucha por la reforma universitaria y la huelga de 1962 construyen, entre otros, la acumulación de conflictos y antecedentes del 9 de enero.

EL 9 DE ENERO

Para la mirada distraída, el 9 de enero debió tomar desprevenido a los panameños. Sin embargo, paralizó y arrinconó políticamente a los sectores dominantes oligárquicos que dormían del lado del protectorado y del confort que producía el coloniaje. Como suceso, no es ‘un rayo que cayese de un cielo sereno’. Verlo de manera aislada simplifica y desnaturaliza lo portentoso del acontecimiento. Hay que verlo como lo que es, el cenit de un proceso social de lucha de clases, que no termina ahí, pero que va a definir el decurso ulterior de los procesos sociales y políticos.

El 9 de enero, como la expresión enardecida de un anhelo histórico reprimido estuvo presente en todos los acontecimientos que le antecedieron. Es la acumulación de conflictos no resueltos lo que le da soporte emocional e ideológico al mismo. Es también un parte aguas que se instala en el imaginario sociopolítico de la sociedad panameña y actúa como bisagra histórica. No puede ser explicado sin los antecedentes socio-políticos que generaron una acumulación explosiva y hacia adelante, nada puede ser comprendido sin él. En ese sentido, este suceso como acontecimiento portentoso —como afirmación soberana total—, tiene la particular característica de estremecer a la sociedad desde sus cimientos en todo lo que queda de la década de los sesenta, potenciando la crisis político-institucional de 1968 en crisis social integral.

MÁRTIRES EN LA CALLE

El inicio es una manifestación y marcha callejera estudiantil que ocupa un espacio asumido legítimamente como público (las calles y avenidas urbanas de la ex zona del canal). Al producirse los incidentes (la rasgadura de la bandera por un policía zoneíta y la represión) el evento se autonomiza rápidamente hasta convertirse en una modalidad espontánea de acción política de masas que desborda la esfera pública de la época. Esfera pública reducida al movimiento estudiantil, magisterio, artesanos y obreros militantes; además de los profesionales y militantes de organizaciones políticas relativamente elementales y tradicionales.

Sin embargo, pese a que asume al carácter de insurrección, el 9 de enero expresa las demandas generacionales y afirma las identidades de una multiplicidad de actores históricamente comprometidos con la emancipación nacional desde la huelga inquilinaria de 1925. El desenlace son varios días de enfrentamientos, 21 muertos, 500 heridos, y el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos.

COROLARIO

Las características de los regímenes políticos determinan las rutas mediante las cuales cada uno afronta la superación de su crisis. En ese sentido, y en el contexto de las salidas políticas y regímenes de reemplazo, es que el régimen militar en su etapa desarrollista –bonapartista (1972-1981) sobrepasó la crisis de dominación oligárquica. A su vez, el orden institucionalidad que emerge con la invasión de 1989, y que sustituye al degradado régimen militar, definió la modalidad del régimen político que desordena la política hoy día.

El 9 de enero mostró que el modelo oligárquico de dominación de naturaleza concentradora y excluyente, era incapaz de llevar adelante las tareas históricas de la recuperación total del territorio y del perfeccionamiento del estado-nación. La crisis del régimen político presidencialista de exclusión y de concentración de privilegios y de espacios de poder, fundado en el clientelismo y la corrupción sistémica de hoy, muestra su incapacidad para llevar adelante tareas de participación ampliada y de extensión y profundización de derechos fundamentales. La historia tiene analogías, y por algo es maestra de la vida (Cicerón) y madre de la verdad (Cervantes).

MISIÓN Y VISIÓN DE FLACSO

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) es un organismo regional, instituido por la UNESCO para impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de las Ciencias Sociales.

El Programa FLACSO-Panamá busca dotar a la población de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.

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