Del mozo de bacín al repostero de camas: estos eran los oficios al servicio de los Reyes Católicos

‘Educación del príncipe don Juan’, de Martínez Cubells (el lienzo representa a la reina Isabel la Católica y al cardenal Cisneros, entre otros personajes, educando al príncipe Juan de Aragón).
Museo del Prado / Wikimedia Commons

Vanesa Regalado del Valle, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

La Casa de los Reyes Católicos, compuesta a su vez por diferentes “casas”, era una compleja máquina de servicio y atención a las personas de los monarcas y sus hijos. En ella cada figura desempeñaba un rol, unas funcionalidades que resultaban indispensables para el correcto desarrollo del día a día de la Casa, algo complicado para una corte aún itinerante.

Antes de seguir, es bueno aclarar la diferencia entre ambos conceptos, porque “casa” y “corte” están muy relacionados entre sí. No obstante, las fuentes primarias dan preferencia al empleo de “casa” para los oficios domésticos, reservando el de “corte” para los oficios públicos.

Muchos de los oficios domésticos eran desempeñados por personajes que disfrutaban de la confianza real, procedentes de familias de linaje y con lealtad demostrada a la causa de los reyes del momento.

Trabajos diversos

Algunas ocupaciones quedaron reguladas con el paso de los siglos en diferentes ordenamientos: Partidas de Alfonso X el Sabio y Cortes de Toro de 1371 en los reinos de Castilla y de León, y, en el caso de la Corona de Aragón, Las Ordinacions de Pedro IV de Aragón, por citar algunos ejemplos.

Otra de las fuentes fundamentales que conservamos es la descripción que realiza Gonzalo Fernández de Oviedo sobre los oficios de la Casa del príncipe Juan, de la que fue criado.

Libro de La Cámara Real del Príncipe Don Juan e officios de su casa e servicio ordinario, de Fernández de Oviedo.
BNE, CC BY

Esta recopilación lleva por título Instuccion de la Casa Real del Serenissimo Principe Don Juan de gloriosa memoria, primogenito heredero de los muy altos y catholicos Reyes Don Fernando y Doña Ysabel (1546-47). Su comentario al respecto de la instrucción es realmente descriptivo: «hablar en los oficios de la puerta para adentro de palaçio».

Es fundamental aclarar que no solo el rey y la reina disponían de casa propia e independiente. En el caso de los Reyes Católicos, también disponía de ella el infante don Juan, heredero de la Corona, con sus propios oficiales y servicio. Las infantas quedaban bajo el amparo de la Casa de la reina, aunque hay constancia documental de que la princesa doña Juana llegó a disponer de casa propia antes de sus nupcias.

Fernández de Córdova, en su estudio sobre la Casa y Corte de Isabel I, habla de hasta 500 miembros integrantes en la Casa de la reina, que también atendían a las infantas y recibían una retribución por su labor, como se ve en las distintas partidas de gastos conservadas en el Archivo General de Simancas.

En la habitación…

Comenzamos nuestro recorrido arrancando con la figura fundamental dentro del ámbito doméstico, el Mayordomo Mayor, del que dependían la cocina, el comedor y las acemilerías o caballerizas.

El Camarero Mayor, de linaje noble, se encargaba, junto con otros camareros ordinarios, del ámbito más íntimo, correspondiente a las estancias privadas reales: cámara, vestuario, retrete, etc. Sobre el término retrete hay que aclarar que en aquella época este concepto hacía referencia a una habitación a la que se retiraban los miembros de la familia real. Tenía múltiples usos, y podía estar decorada con paños, tapices o servir para guardar libros o joyas.

Imagen de los Reyes Católicos en el Cancionero de Pedro Marcuello.
RMN-Grand Palais (domaine de Chantilly) / René-Gabriel Ojéda

En la alcoba también aparecen los oficios de mozos de cámara, repostero de camas (servidores que se dedicaban a mullir los colchones), escribano, continos (disponibles de forma continua), reposteros de cera. También existían oficios relacionados con la custodia y seguridad de las cámaras: porteros de cámara (que vigilaban las puertas de las alcobas), los Monteros de Espinosa (que ejercían la vigilancia interior), los porteros de cadena (encargados de la primera puerta del palacio o residencia real), así como otros desempeños relacionados con la seguridad (escuderos, hombres de armas, guardas, etc.).

Existía el oficio del mozo de bacín, es decir, de orinal, que se encargaba de que el objeto estuviera siempre disponible para cubrir las necesidades de la real persona. Sastres, costureras, zapateros y barberos aseguraban una correcta higiene y una imagen decorosa de la familia. A esos oficios higiénicos se le sumaba el curioso desempeño del limpiador de dientes, que ayudaba a reyes y príncipes a asegurar un completo aseo bucal. Como vemos, para los Reyes Católicos la higiene era un aspecto fundamental.

A la hora de comer…

Acercándonos al servicio de mesa, y bajo un protocolo realmente medido, encontramos los trinchantes, el copero mayor, los cocineros mayores, otros cocineros y ayudantes y los reposteros de plata. Todos ellos trabajaban bajo la atenta vigilancia de unos porteros que custodiaban la cocina con el fin de evitar que alguien que no tuviera el permiso del cocinero mayor pudiera acceder a la estancia y manipular la comida que allí se preparaba.

Las viandas llegaban a la mesa real precedidas por un ballestero de maza acompañando al maestresala desde la cocina.

De la despensa que nutría la cocina se encargaban el despensero mayor y el veedor, responsables de despenseros menores y compradores, así como del control de precios y gastos.

Otras actividades

Otro ámbito fundamental era el correspondiente a la oración, es decir, la capilla, que incluía a mozos de capilla, capellán de las damas, limosnero, sacristán, escribano de capilla, escribano de libros, cantores, reposteros de capilla, iluminadores, etc. Todo ellos estaban al servicio de la oración y la confesión, vitales en una sociedad católica en la que la religión era parte intrínseca de la vida.

Dentro de los oficios domésticos también podemos incluir los relacionados con las caballerizas, de las que se ocupaba el caballerizo mayor. A este le asistía un teniente y, en rango inferior a ellos, se empleaban mozos de espuelas, silleros, albarderos, guarnicioneros, etc. Se disponía también de un servicio de atención médica a los caballos, ejercitado por un albéitar.

La caza constituía uno de los mejores pasatiempos de los monarcas y sus hijos. Para estas actividades se desplegaban oficiales de seguridad de la Casa, pero también oficios propios de la actividad, como el cazador mayor, el montero mayor, el halconero mayor y trabajadores subordinados a estos.

La reina Isabel la Católica presidiendo la educación de sus hijos, de Isidoro Lozano.
Museo del Prado / Wikimedia Commons

No sólo el placer sensorial (la música o el baile eran célebres en la Corte) forjaba el carácter y las aptitudes. La educación era un serio asunto al que rey y reina prestaban gran atención, tanto a la propia como a la de sus hijos. Ayos y maestros se encargaban de la educación de los infantes, iniciándola el príncipe don Juan a los siete años y las princesas doña Juana y doña María con seis.

La salud física también estaba cubierta y el servicio médico del que disponían era variado, e incluía a físicos, cirujanos, boticarios (que componían toda clase de fórmulas medicinales) y sangradores.

Los gastos públicos

Todos estos oficios disponían de una ración, retribución económica, a cargo de las cuentas de la Corona de Castilla. En 1504, según recoge Tarsicio de Azcona en su estudio sobre la vida y reinado de Isabel la Católica, la Casa de la reina y del rey gastaban, solo en conceptos de «Despensa y Oficios» en la Corona de Castilla, 10 millones de maravedís en el caso del rey y más de 25 millones de maravedís en el caso de la reina.

Todo un dispendio de atenciones y cuidados al servicio de sus reales personas.

Vanesa Regalado del Valle, Investigadora predoctoral en Historia del Arte. Usos de la imagen. Simbología de poder de los Reyes Católicos., UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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