A más de medio siglo del 9 de Enero

Transcurrido más de medio siglo de la heroica acción del pueblo panameño, en especial de la juventud, no pueden borrarse de las mentes nacionales las imágenes que marcaron un después en la relación con la potencia norteamericana.

Precedido ese acto por algunos eventos nacionalistas, se presentó como el legítimo detonante de una realidad desigual y oprobiosa que debía ser erradicada. El 9 de Enero de 1964 es el símbolo más auténtico de la jornada desarrollada para la reivindicación nacional. Y sobre ese ejemplo digno y virtuoso, debió levantarse un pueblo para construir un país sin sesgos en donde la vida del panameño se desarrollara con dignidad.

La construcción de un país pasa, entre otras cosas, por el asentamiento del ser nacional. No es posible patria con factores a lo interno que la desmovilizara. La presencia de un solo elemento extraño a su esencialidad obligaba por decoro, a eliminarla.

Pero el legado de esos hombres y mujeres que se inmolaron por Panamá, no debe desvanecerse en el tiempo. Y eso obligaba a que la conducción del país, por los Gobiernos que se sucedieron, se hiciera con el compromiso con los mártires de enero.

El país, no obstante, ha sido devastado, por los poderes político y económico. Y de manera muy especial, la franja anteriormente denominada ‘zona del canal’, ahora área del canal o área revertida, en un cambio de nomenclatura, como si de eso se tratara, ha sido presa de los trogloditas interesados en acumular riquezas. Esa área del canal o revertido está sirviendo a las transnacionales y a los poderes nacionales en detrimento de un pueblo.

Poco o casi nada ha importado el esfuerzo de los hombres y mujeres de enero de 1964, y las remembranzas, parecieran cumplir con un protocolo ceremonial que no va más allá de actos simplistas que nada dicen. La educación panameña tiene que esforzarse decididamente por recrear con mucha seriedad, este importante evento. La juventud actual, desconoce en puridad lo que ocurrió y por qué ocurrió. De manera que no es posible una conciencia nacional, sin una conciencia histórica.

Los conductores de la cosa pública, independientemente de sus filiaciones políticas, están en la obligación de crear y fortalecer los trascendentes momentos históricos que son los que le dan contenido a la nación y al sentimiento nacional. No hacerlo es un acto de traición y de mezquindad.

Las asociaciones profesionales y cívicas tienen su parte en el trabajo de preservar lo que nos fue dado el 9 de Enero de 1964. Las iglesias no deben quedar excluidas en ese esfuerzo y las universidades —por supuesto— tienen un protagónico rol en el empeño de mantener vivo y con conciencia ese acto heroico. La juventud tiene su importante papel en todo esto, al igual que los trabajadores, campesinos e intelectuales, puesto que los actores del 9 de Enero lo hicieron por el país en su conjunto.

Debe ser un proyecto de país tener en cada ciudad importante un monumento a los mártires de 9 de Enero de 1964.

DOCENTE UNIVERSITARIO.

Ir a la fuente
Author: